Copa Libertadores
3 enero, 2018 - 4:52 pm

A pocos días de jugar una nueva Libertadores, recordamos aquella histórica clasificación de 1975.

28 de enero de 1975. Una fecha que no se borrará jamás de la historia del fútbol uruguayo y de la de nuestro querido Bohemio.

Hasta esa noche solo los grandes habían tenido el privilegio de poder jugar la Copa Libertadores, pero la historia iba a cambiar, Wanderers se iba a encargar de esto.

Para revivir este hermoso momento extraeremos partes del prólogo escrito por el “Maestro Óscar Washington Tabárez” del libro “El Trapo, la verdad de Washington Olivera” escrito por Enzo Olivera.

“El bohemio comenzó a marcar mi carrera en 1975, cuando en Uruguay se hizo una Liguilla para definir a los clasificados a la Copa Libertadores de América; a la que siempre iban los equipos grandes, Peñarol y Nacional. Nunca otro. Siempre los dos grandes. En la Asociación Uruguaya de Fútbol, hicieron esa reglamentación para incentivar un poco a los equipos menores. Los dos primeros de esa Liguilla iban directo al máximo torneo continental de clubes. Peñarol fue el campeón y nosotros llegamos al último partido con un punto debajo de Nacional”.

El Maestro, capitán de aquel equipo, recuerda que en la previa del partido no hubo concentración, el cuadro venía con altibajos y poca motivación, pero había logrado repuntar en los últimos encuentros previos al de aquel día, impulsados por dos jugadores clave de las formativas, Juan Francisco Mulethaler y Raúl Vasconcellos.

Los jugadores fueron llegando cada uno por su lado sin saber que esa noche cambiarían la historia.

“Al frente teníamos a Nacional, con mucho nombres de calidad”, la responsabilidad se sabía era de ellos.

“Por otro lado , nosotros estábamos dirigidos por el profesor Omar Borrás. Él siempre jugaba con un 4-3-3. La única nota distintiva de sus equipos es que no eran simétricos. Por ejemplo, Borrás jugaba con dos punteros, uno iba bien de punta por la banda y el otro “ventilaba”, como se decía en aquel momento, porque bajaba al mediocampo. Y en la mitad de la cancha jugaba con un 5 que le daba el equilibrio al equipo, un 8 que era el jugador de ida y vuelta – que se corría todo- y un 10 que generalmente era el hombre que se involucraba en ataque y no tenía tantas responsabilidades de marca y a la hora de relevar. Después un centro delantero de referencia, gente muy alta, muy guapos y grandes cabeceados, como lo fue el “Caballo” Fani.

Fue un duelo muy apretado en donde nosotros nos fuimos al descanso con un gol de Héctor De Los Santos, quien no era normalmente titular, pero apareció en la Liguilla haciendo goles clave. Después para Nacional empató Repeto, un gran cabeceador, famoso por eso. Nos hizo un gol al inicio del segundo tiempo. Luego vino una jugada que marcó el ánimo de todos. ¡Penal! Washington Olivera -el Trapo- agarró la pelota. Pateó, y el juez pitó repetir porque Garate atajó el tiro adelantado. Washington volvió a tomar la pelota y pateó afuera rosando el poste, pero pese a ello, Borrás le dio la confianza y no lo sacó”.

El partido entonces se ponía cuesta arriba, un penal errado dos veces, lo imposible se volvía imposible nuevamente. Pero una de esas cosas hermosas que tiene el fútbol estaba por suceder.

“Lo hazañoso de ese partido contra Nacional, vino en la última jugada del partido. Ya estábamos en los descuentos, creo que en los tres o cuatro minutos finales. Vino un córner sobre el área de Nacional. Hubo un rebote y le queda para la zurda a Washington ¡Y la mandó a guardar! La pelota se clavó en el ángulo de Omar Garate. Todos quedamos mirándola. Fue algo que no sabíamos ni donde estábamos parados.”

Lo no creíble, lo que pagaba más, estaba sucediendo. “Ni siquiera dimos una vuelta olímpica. Nada. Todo fue muy desordenado. Porque era obvio, no teníamos ninguna experiencia en una instancia así. No lo teníamos planificado, porque todo fue muy sorpresivo, porque lo más probable era que Nacional hubiese clasificado, porque con el empate ya les bastaba. PERO AHÍ ESTABA WANDERERS. Me acuerdo como cosa anecdótica que ese día estaba de cumpleaños el presidente del Club, Don Mateo Giri. Esto fue el mejor regalo para él. Con el grueso del plantel fuimos hasta la casa del presidente de Wanderers a saludarlo. Todo fue muy sencillo, sin grandes opulencias ni celebraciones de gente por la calle ni nada parecido…”.

Wanderers había cambiado la historia, le había dado una cachetada a la lógica y así rompía con una hegemonía establecida.

“Al otro día Washington estaba en todas las tapas de los diarios. Recuerdo que él y su padre -Héctor- confeccionaban escobas para la limpieza doméstica y para los buses del servicio público de transportes. Su padre era guarda de una de las empresas de ómnibus. Y en una de las portadas, que recorrió todo Montevideo, apareció Washington con una escoba abierta entre las manos. Recuerdo que el titular decía, “El hombre que barrió con los tricolores”.

Desde la humildad Wanderers conseguía algo nunca antes logrado por un cuadro uruguayo que no sea Peñarol o Nacional, codearse con los poderosos del continente.

“Así se selló aquel triunfo de Montevideo Wanderers contra Nacional que marcó un antes y un después en la historia del fútbol uruguayo. Luego de aquella histórica Liguilla, vino la Copa Libertadores de América fue otra experiencia importante…”.

Hoy a casi 43 años de esta hazaña, recordamos bajo las palabras de uno de los hombres más importantes de la historia de nuestro glorioso fútbol aquel Wanderers de 1975.

SALUD PUEBLO BOHEMIO, SIGAMOS CAMBIANDO LA HISTORIA, SIGAMOS ESCRIBIÉNDOLA.